Page 228 - Hijos del dios binario - David B Gil
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cómodos y en su traje de trescientos euros. Pero no


           iba a dar un paso atrás, así que se obligó a ser la


           primera en tender la mano.


                  —Soy              Beatrix            Giger            —dijo             la       mujer,



           estrechándosela con fuerza—, una de las personas


           de confianza del señor Rosesthein en Europa.


                  —¿Se…, se refiere a Ludwig Rosesthein?


                  —Claro, ¿a quién si no? El señor Kenyon me ha


           pedido  que  la  acompañe  durante  su  visita  a  St.


           Martha.


                  —Oh,  muchas  gracias,  pero  creo  que  con  que



           me  lo  hubiera  mostrado  alguno  de  los  tutores


           residentes habría sido suficiente.


                  —De ningún modo, hemos decidido atenderla


           en cuanto precise. Estamos dispuestos a colaborar


           en lo que sea necesario.


                  Alicia  intentó  esbozar  una  sonrisa  de  cortesía,


           pero  solo  podía  centrarse  en  que  su  atípica  guía


           continuaba estrechándole la mano.


                  —¿Entramos? —preguntó por fin Beatrix Giger.



                  —Cuando quiera.


                  La  mujer  uniformada  de  blanco  le  dio  la


           espalda  mientras  extraía  su  móvil  de  la  chaqueta.


           Pareció  consultar  algo  de  forma  breve  antes  de


           marcar una llamada, y cruzó las manos a la espalda


           mientras esperaba. Alicia comprendió que el único




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