Page 231 - Hijos del dios binario - David B Gil
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actitud de su invitado. Cuando hubo terminado,
Inamura limpió el plumín con sumo cuidado,
valiéndose de un fino papel de seda, enroscó
lentamente el capuchón y depositó la pluma sobre
la mesa, junto a la hoja con sus anotaciones.
—Bien, he tomado nota de todas sus quejas.
¿Hay algo más que deseen trasladarme?
Un silencio hostil embargó a los presentes, que,
indecisos, intercambiaron miradas sombrías.
—Esto es intolerable —explotó por fin uno de
ellos, un hombre de unos cuarenta años cuyo
Armani no conseguía paliar su aire de oficinista
venido a más—. Su arrogancia no tiene perdón,
¡pagará lo que está haciendo!
Subrayó su indignación con un puñetazo que
hizo retumbar la mesa y derramó un vaso de agua.
La pluma comenzó a rodar hacia el filo de la pulida
superficie de caoba, pero Kenzõ Inamura no hizo
nada por impedir su caída; en lugar de ello, posó
una mirada severa sobre aquel hombrecillo airado.
Cuando la estilográfica se precipitó al vacío,
alguien dio un paso al frente y la recogió antes de
que cayera contra el suelo enmoquetado. Solomon
Denga volvió a depositarla sobre la mesa, junto a la
mano de su jefe, y se retiró de nuevo a su discreta
posición.
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