Page 265 - Hijos del dios binario - David B Gil
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de ellos. Ahí estaba su tercer escolta. Salieron a la


           calle y la noche otoñal de Tel Aviv se le metió bajo


           la ropa.


                  Lo empujaron al asiento trasero de un coche en



           marcha y sus captores se sentaron a ambos lados,


           de  modo  que  no  tuviera  acceso  a  las  puertas.  Era


           tarde  en  un  día  entre  semana,  por  lo  que  apenas


           había tráfico. Tomaron una ruta que callejeaba por


           el  centro  antiguo  de  Tel  Aviv,  evitando  las


           circunvalaciones  que  obligaban  a  activar  el


           navegador automático.



                  Mientras  rodaban  por  las  calles  dormidas,  los


           cuatro extraños que lo acompañaban guardaban un


           silencio  rutinario,  sus  miradas  distraídas  en  la


           noche  al  otro  lado  de  las  ventanillas.  Al  cabo  de


           quince  minutos  se  adentraron  en  una  zona  de  la


           ciudad que él desconocía, probablemente próxima


           al  viejo  puerto  de  Yafo.  Allí  las  calles  estaban


           desiertas  y  pudo  observar  que  abundaban  los


           almacenes  y  naves  industriales  cerrados  a  cal  y



           canto. Cada vez su destino le parecía más evidente.


                  El  coche  comenzó  a  aminorar  al  llegar  a  un


           semáforo en rojo y algo le dijo que aquella sería su


           última  oportunidad.  Miró  con  disimulo  la  pistola


           del agente a su izquierda, una Glock de 9 mm con


           el  cargador  ampliado.  Era  la  opción  más  lógica:




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