Page 269 - Hijos del dios binario - David B Gil
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asfalto. Se retorció de dolor; estaba impregnado de


           la sustancia viscosa y desorientado como un recién


           nacido, pero aún desde el suelo creyó reconocer a


           la  figura  que  sujetaba  un  arma  en  su  mano



           enguantada.  Su  rescatador  volvió  a  asomarse  al


           interior  del  coche:  cuatro  detonaciones  más


           iluminaron el habitáculo, y la mujer por fin salió al


           exterior. Se tomó su tiempo para enfundar el arma


           y  levantarse  las  gafas  oscuras  que  le  cubrían  los


           ojos.


                  —Señorita Clarice —logró articular Daniel.



                  —Tan solo Clarice, por favor.




























































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