Page 278 - Hijos del dios binario - David B Gil
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lo  contrario  todo  su  viaje no  habría sido  más que


           una pérdida de tiempo.


                  No se preocupó por memorizar el camino para


           desandarlo, pues sabía que en breve darían con ella



           y la sacarían de allí, así que vagabundeó sin rumbo


           fijo,  atenta  a  las  ventanas  y  las  puertas


           entreabiertas,  como  si  a  través  de  ellas  pudiera


           filtrarse  algún  secreto.  Giró  en  una,  dos  esquinas,


           recorrió otro corredor de aspecto impecable: suelo


           brillante,  madera  pulida,  olor  a  productos  de


           limpieza… Al llegar a un cruce de pasillos escuchó



           dos voces que conversaban, no había duda de que


           eran dos personas adultas y parecían aproximarse


           por su derecha, así que tomó la dirección opuesta.


                  Atravesó  un  pasillo  más  angosto  que  el  resto,


           con  un  suelo  de  madera  desgastada  que,


           quejumbroso, subrayó sus pisadas. Vino a parar a


           una  zona  del  edificio  de  aspecto  menos  solemne.


           Allí no había mármol ni muebles de caoba, tan solo


           paredes lisas pintadas de blanco. La luz entraba a



           raudales  por  unos  ventanales  que  se  asomaban  a


           un  amplio  patio  interior  rodeado  por  un  claustro


           de columnas grises. Avanzó por la amplia galería y


           pronto  percibió  un  olor  familiar:  se  encontraba


           cerca de una piscina, probablemente allí estuvieran


           las instalaciones deportivas.




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