Page 279 - Hijos del dios binario - David B Gil
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Pero antes de seguir adelante su determinación
comenzó a fallarle; lo cierto es que había ido más
lejos de lo que esperaba y, cuanto más se adentraba
en aquel lugar, más evidente se hacía que no
encontraría nada fuera de lo común. Si St. Martha
encerraba algún secreto, no era uno que se pudiera
desentrañar vagando por sus pasillos. Así que
decidió volver sobre sus pasos, quizás todavía
hubiera alguien dispuesto a creerse que se había
perdido... Sin embargo, algo la disuadió de
retirarse: una especie de ruido sordo y reiterado,
esporádicamente acompañado por un suave
tintineo. Frunció el ceño intentando descifrar aquel
eco, y mientras lo hacía continuó avanzando con
pasos cautelosos, hipnotizada por aquel sonido. No
tardó en comprender que eran golpes, puñetazos
percutiendo contra un saco de boxeo. No se
escuchaban voces, por lo que alguien debía de
entrenar en solitario. Quizás fuera su oportunidad
de hablar con alguno de los chicos allí acogidos.
Como migas de pan a lo largo de una vereda,
aquel ruido acompasado la guio hasta el gimnasio,
donde descubrió a un chico girando en torno a un
saco tan alto como él. Parecía estar lejos de allí,
evadido en la meticulosa labor de aplastar sus
nudillos contra la bolsa de arena.
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