Page 273 - Hijos del dios binario - David B Gil
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niños.


                  No insistió pese a lo absurdo de la excusa, pues


           allí  no  había  nadie  más  que  ellas  dos  y  las  luces


           rojas que registraban todos sus movimientos.



                  Enfilaron  un  largo  pasillo  flanqueado  por


           puertas con ventanas de cristal que se asomaban a


           las clases a las que Giger había hecho referencia. En


           su interior Alicia pudo ver por fin a los alumnos:


           eran de edades similares a los que había visto en el


           jardín  exterior,  tomaban  apuntes  o  atendían  en


           silencio a las explicaciones de su profesor. Ninguno



           desvió la mirada al verlas pasar, por lo que debían


           de  estar  sumamente  concentrados,  o  quizás  no  se


           podía  ver  el  pasillo  desde  el  otro  lado  de  las


           ventanas.


                  La  periodista  calculó  cuántos  alumnos  podía


           haber  en  cada  sala  y  contó  el  número  de  puertas


           asomadas al corredor; si la mayoría de los internos


           estaban  en  las  aulas  en  aquellos  momentos,  St.


           Martha              podía             alojar           a       doscientos                 niños



           aproximadamente.


                  —Dígame, señorita Rossi, ¿cuánto tiempo lleva


           trabajando  en  el  Vaticano?  —preguntó  Beatrix


           Giger, interrumpiendo sus elucubraciones.


                  —Siete  años  —respondió  tras  un  ficticio


           recuento mental.




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