Page 308 - Hijos del dios binario - David B Gil
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—Vamos, ya sabes que no se siente cómoda
cuando tú estás.
—Oh, ¿crees que puedo haberla ofendido?
El sarcasmo que afilaba sus palabras no pasó
desapercibido para Lara, que miró a su madre con
un ruego silencioso. Aquello la hizo sentirse
miserable y egoísta, y se obligó a enterrar su
despecho.
—¿Cómo se ha portado este bichillo? —
preguntó, cambiando por completo el tono de su
voz.
—Muy bien. Es toda una señorita que sabe
cómo comportarse.
—¿Y el examen de mates?
—¡He sacado un nueve! —exclamó Lara con
orgullo.
—¡Un nueve! —se sorprendió Alicia—. Yo
nunca saqué un nueve en matemáticas.
Mientras bajaban hasta los aparcamientos, Lara
pidió a su padre las llaves del coche para abrir ella.
Cuando el ascensor se detuvo y las hojas de cristal
comenzaron a separarse, la niña se coló por la
rendija y salió disparada hacia la plaza de
aparcamiento.
—¡No corras! —gritaron al unísono sus padres,
y la muchachita detuvo en seco su carrera.
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