Page 388 - Hijos del dios binario - David B Gil
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ojos sin apartar la vista, se envolvió lentamente en
su manta y se dio la vuelta para proseguir su viaje,
a la espera de que el rugiente destino que le
perseguía le diera alcance.
»La tormenta aún tardó una hora en llegar,
pero lo hizo con furia y violencia. Primero, el
viento lo zarandeó y le despojó del trapo con que se
protegía, después le arrancó su cayado de las
manos y le hizo rodar por el suelo. Sintió la arena
restallando sobre su piel como un látigo, abriéndole
la carne y mezclándose con su sangre. Sintió cómo
lo cegaba y le anegaba la garganta, impidiéndole
respirar. Intentó ponerse en pie una, dos, tres
veces…, pero el viento volvía a golpearlo sin
clemencia, hasta que lo doblegó y lo dejó postrado.
»Inerme, sintiéndose derrotado, hizo un
esfuerzo por tenderse boca arriba y morir
observando las estrellas, pero hasta aquello quería
arrebatarle el desierto, pues las nubes de arena se
arremolinaban a su alrededor ocultando el cielo.
Entonces las veré en mi cabeza, pensó, y cerró los
ojos y pudo verlas, vívidas y hermosas pese a la
tormenta.
»Y así quiso morir, pero descubrió que tampoco
aquello estaba en su mano. Unos dedos se posaron
sobre su pecho desnudo y una voz húmeda
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