Page 386 - Hijos del dios binario - David B Gil
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masticó raíces. Por fin, algo recuperado, alcanzó su


           cayado e hizo el esfuerzo de ponerse en pie. Siguió


           adelante  durante  todo  el  día,  deteniéndose  solo


           para comer y beber una vez más, y al caer la noche



           de  nuevo  cayó  él,  su  cuerpo  castigado  por  el  sol.


           Inconsciente, deliró presa de la deshidratación y el


           agotamiento,  y  las  pesadillas  le  acompañaron


           desde el ocaso hasta el alba.


                  »Al  despuntar  el  tercer  día,  sus  ojos  apenas


           podían  enfocar  sus  manos,  sentía  sus  huesos


           quebradizos como las ramas de un árbol seco y la



           garganta  le  ardía  cada  vez  que  tragaba  saliva.


           Apuró las últimas gotas de agua del pellejo y no se


           molestó  en  intentar  comer,  pues  sabía  que  nada


           sólido pasaría hasta su estómago. Recogió una vez


           más el cayado y echó a andar.


                  »Sus pasos eran cada vez más cortos, y cuando


           remontaba  un  repecho  y  levantaba  la  vista  con


           dificultad, comprobaba que la montaña continuaba


           a la misma distancia. La única explicación es que se



           hubiera  perdido  entre  las  engañosas  dunas


           movidas por el viento. Desalentado, buscó alguna


           figura  recortada  contra  el  horizonte,  pero  en  esta


           ocasión  no  había  nadie,  los  demás  debían  de


           haberle  dejado  muy  atrás.  Puede  incluso  que


           alguno  se  encontrara  ya  escalando  las  paredes




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