Page 389 - Hijos del dios binario - David B Gil
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pronunció su nombre al oído. Era una leve caricia y
apenas un susurro, pero tan poderosos como para
arrebatarlo de su último sueño y conjurar su
agonía. Lentamente, con temor a que la arena
pudiera vaciarle los ojos, abrió los párpados y
descubrió a la mujer inclinada sobre él. Le miraba y
sonreía, y pese a que el viento agitaba sus ropas y
su cabello, la arena no la alcanzaba, ni a ella ni a él,
al que el desierto sabía ahora bajo su protección.
»—¿Eres…, eres la diosa de la montaña? —
preguntó Relator.
»—Así es —asintió la mujer, y le acarició la
mejilla con dedos largos y frescos como las noches
de otoño—. Te he estado observando desde antes
de que partieras, desde que llegaste a este mundo
hace años, y cada noche he rezado por que fueras
tú el que se presentara ante mí.
»—Como puedes ver, eso no sucederá. Era algo
que todos sabían —dijo Relator—. El desierto me
ha alcanzado, y aquí concluyen mis días.
»La diosa contempló su cuerpo tendido,
desmadejado por el viento, y volvió a mirarlo a los
ojos.
»—Responde, Relator, ¿por qué crees que el
anciano te eligió a ti, si eres tan débil como dices?
»—El anciano de mi tribu es sabio y
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