Page 16 - KABASH BASICO
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KABASH
aura pero los elementos también tienen: una piedra, los metales tienen su aura, el aura del ser humano
consta de tres niveles: la energía vital relativa al cuerpo; la energía emocional relativa a la mente y
psiquis y la energía astral, referente al alma.
Entonces, a través de nuestra mente, de la concentración, dirigiendo de forma adecuada nuestras
corrientes energéticas, podemos ordenar nuestra propia aura, liberar el exceso de cargas negativas que
acumulamos y también canalizar energías positivas del Universo, de la Naturaleza. De esta forma nos
mantenemos en un maravilloso equilibrio que nos traerá bienestar y fuerza para conquistar nuestras
metas.
La práctica de la Dabraká estimula la glándula pineal del cerebro, nuestro gran centro organizador y la
sede de nuestra mente. Es donde encontramos la fundamental incidencia de esta glándula que segrega
hormonas importantes como la serotonina y la melatonina. Lo que hoy llamamos de Pineal,
antiguamente se relacionaba al místico “tercer ojo”, o, el “ojo de Horus” para los egipcios. Su desarrollo
es fundamental ya que es el centro de equilibro del campo bioenergético humano. En el pasado, por
todo lo que ella representaba, era motivo central de prácticas energéticas y místicas realizada en los
templos; Las “Casas de Vida” de la Dinastía XVIII.
El “Tercer Ojo” era considerado una inteligencia mayor. Observando las pinturas del antiguo Egipto en
bajo relieve veremos que los Faraones usaban en la frente una especie de Tiara con el Ureus, una
insignia en forma de cobra. Dentro se colocaban elementos de carácter místico a los cuales atribuían
una “fuerza mágica” para estimular su “Ojo de Horus”. Los Hierofantes, sabían hace más de 3500 años
que para obtener positivismo y equilibro en todos los planos es necesario estimular lo que hoy
conocemos como la glándula pineal.
Pero la meditación, según la tradición del Kabash, no es una simple concentración: la repetición mental
de la Dabraká unida a la fuerza espiritual nos transporta a un estado especial de iluminación, de paz, de
positivismo y fuerza interior.
Es una meditación muy profunda a través de la cual nos conectamos con la esencia transcendental del
ser: nuestra alma. Es una práctica mística de gran profundidad.
En el Antiguo Egipto, los Hierofantes decían que la Dabraká era el lenguaje del alma. También podía ser
entendido como “Dabraká” que quiere decir “la palabra del Ka”>; la palabra que llega a nuestra alma, las
palabras sagradas de los sacerdotes del Kabash.
En otra de sus traducciones significa “diálogo del Bá con el Ká”. En términos modernos podríamos
entenderlo como el diálogo de nuestra mente (y todas sus atribuciones) con nuestra “esencia” o con
nuestro “estado de ánimo”, aquello que nos anima, que nos da vida, nuestra alma.
Por lo tanto, meditando aprendemos a conocernos. A través de ese estado de mayor interiorización,
alcanzamos un sentimiento místico que nos une al “Aliento Divino” que crea, y de esa forma también nos
transformamos en creadores. Meditar es hablar en silencio con la fuerza del alma..Pero debemos
siempre recordar que sin fe y sin mística la Dabraká no tendrá vida!
Entonces ustedes me preguntarán: “Maestro Rolland, la Dabraká es magia?"
No, la magia existe hasta el momento en que entendemos cómo funciona, a partir de ahí deja de
serlo..Muchos de los conocimientos que integran el Kabash aún no fueron descubiertos por la ciencia
moderna. Por eso, aún teniendo sus orígenes en un pasado lejano, es una sabiduría tanto para el
presente como para el futuro. Sé que las Dabrakás son del pasado, pertenecen al presente y serán las
prácticas del futuro.
Hace algunos años, la sociedad moderna está cediendo ante el poder de la mente; inclusive a través de
investigaciones científicas se constata una gran influencia de la fuerza mental sobre nuestro bienestar
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