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KABASH
por una distancia de, aproximadamente, diez centímetros. Al rato debemos lograr ver las dos llamas
unidas en una sola.
Concentración en la Dabraká
. Una técnica simple para empezar a practicar la Dabraká es tratando de “Ver”, con los ojos cerrados, la
combinación de letras escrita en nuestra frente. Vamos recorriendo cada una de las letras y, ni bien nos
concentramos en este ejercicio, los pensamientos desaparecen y la energía de la Dabraká se mantiene
en nuestra mente.
.Otra forma e concentración es a través de lo que se denomina “Tercer Ojo”, u “Ojo del Alma”, u “Ojo de
Horus” del Antiguo Egipto, que, anatómicamente pertenece a la glándula pineal.
Lo imaginamos localizado en el centro de nuestra cabeza, siendo este el punto central de concentración.
Vamos a representarlo con un círculo con un punto en el medio al cual dirigimos nuestra concentración.
Cerramos los ojos y visualizamos ese círculo, fijamos la mentalización de la Dabraká en este punto
central. Este ejercicio está basado en la filosofía de que concentrando la energía en un único punto,
obtenemos una fuerza mayor.
Otra forma de conseguir una buena concentración: sentado o acostados en un ambiente oscuro con una
vela encendida, primero miramos la llama de la vela durante unos minutos, luego, con los ojos cerrados,
nos concentramos en la Dabraká dentro de esa luz que tratamos de visualizar mentalmente, como si ella
apareciese en nuestro interior.
Lo más importante es comprender que aprender a meditar es ir integrándose a ese nuevo lenguaje con
el cual nos comunicamos con nuestra Alma. Así como aprender un idioma lleva tiempo, meditar con la
Dabraká también exige un proceso de aprendizaje. Al principio es natural que no se logre la
concentración necesaria porque los pensamientos nos invaden. Pero, poco apoco, nos vamos
comunicando con mayor fluidez con nuestra Alma hasta que llega el momento de que lo hacemos con
naturalidad; sin ni siquiera pensar en cómo debemos concentrarnos, lo hacemos automáticamente. En
ese momento tendremos incorporada la meditación a nuestro ser.
Por lo tanto, debemos integrarnos a esas prácticas con fe y meditar con mucha frecuencia; lo ideal sería
empezar y terminar el día con una Dabraká.
II) El poder de creación de la mente.
La mejor forma de meditar es lo que hace el niños; con total entrega, sin dudas y con un corazón puro
en sus propósitos.
Para el niño, lo que él imagina lo vivencia como una realidad. En la vida adulta, dejamos de lado toda
esa fuerza del pensamiento mágico y vivimos esclavos del pensamiento lógico, principalmente en
nuestra sociedad. El místico trata de vivir en equilibrio, entre esas dos instancias porque sabe que según
la filosofía de Ptah Otep “Todo es mente y espíritu”.
Así, lo que concretamos en la realidad depende de que lo protéjamos con la fuerza de nuestra mente y
con un profundo deseo de nuestro espíritu.
Entonces, vamos a aprender a desarrollar el poder de creación de la mente para que nuestras metas
puedan realizarse a través de la Dabraká.
Para estimular nuestra mente, debemos trabajarla a través de la visualización mental.
Los Antiguos Egipcios creían que los símbolos son importantes para el desarrollo de la capacidad
mental.
También los estímulos visuales ayudan a ejercitar la imaginación y favorecen la transmisión de un
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