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KABASH
Investigaciones Científicas comprueban los
beneficios de la Meditación
En la Sociedad Occidental, durante siglos, la fe y la ciencia dominaron separadamente. La entrada del
nuevo milenio trajo consigo una aproximación en ese sentido. La encíclica de Juan Pablo II de 1998
afirma: “La fe y la razón constituyen las dos alas por las cuales el espíritu humano se eleva para
contemplar la verdad”.
En el ámbito científico, es probable que las manifestaciones religiosas de Einstein – expresadas por
primera vez en 1950- hayan sido en sus primeros pasos facilitadores de esa aproximación. El decía que
un científico podría ser, efectivamente, un hombre de fe y creía en una perspectiva “cósmica, no
antropomórfica” de Dios. Parece que esa apertura posicionada por Einstein funcionó como punto de
ruptura de un pensamiento que hacía incompatibles a la fe y la ciencia en el mundo moderno.
En 1988, la Organización Mundial de la Salud, incrementó la dimensión del bienestar espiritual al
conocido concepto multidisciplinario de salud que, como se sabe, hasta entonces solo tomaba en
consideración las dimensiones físicas, psíquicas y sociales. Ese es sin duda alguna el sello decisivo y
universalizado de enlace entre la fe y la ciencia.
A partir de esa nueva forma de pensar, muchos investigadores habían realizado experiencias para
estudiar los resultados de la práctica de la meditación. Especialmente el sector médico estaba venía
dedicando desde hacía algunas décadas – sobre todo en los años 90- una gran atención al tema, lo que
se dio gracias al avance del conocimiento sobre el cerebro humano y al desarrollo tecnológico adecuado
para medir y cuantificar los procesos relativos a las experiencias místicas y de meditación. Hoy ya es un
hecho que los estados de meditación profunda se asocian a alteraciones electroencefalográficas.
Técnicas de imágenes cerebrales tipo Spect (Single Photon Emission Computed Tomography) o Pet
(Positron Emission Tomography) o aún una resonancia magnética, muestran un aumento de actividad en
algunas áreas cerebrales y disminución en otras durante la práctica de meditación.
Durante 25 años el científico Herbert Benson de la Universidad de Harvard, dirigió estudios en este
sentido y llegó a conclusiones muy interesantes. Sus descubrimientos se resumieron en un informe
destinado a la Oficina de Sistemas y Prácticas Médicas Alternativas del Instituto Nacional de Salud de
Estados Unidos en la década del 90. Algunos de los beneficios comprobados son los siguientes:
• Reducción de los niveles en sangre de cortisol u hormona del stress
• Disminución de la presión sanguínea y del ritmo cardíaco (dado que disminuir no significa
necesariamente normalizar).
• Baja de la tasa de colesterol en sangre. Como sabemos la acumulación de estrés puede
aumentarlo y por lo tanto, es razonable obtener el efecto contrario si conseguimos reducir la tensión
diaria.
• Alivio de la ansiedad y el dolor crónico cuando se medita regularmente
• Ayuda en el control del uso abusivo de sustancias nocivas como el alcohol, drogas, calmantes,
cigarros, etc.
• La meditación está asociada a una mejora en la calidad de vida y a la longevidad; en consecuencia
a la disminución en los costos de manutención de la salud.
A este importante estudio se le suma otro dirigido por Richard Davidson, profesor de Psicología y
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