Page 102 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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La mujer asintió.
—Y tú eres Horza.
—Hola, Yalson.
—Hola, Horza.
Le obsequió con una leve sonrisa. Horza
descubrió que le gustaba su sonrisa. Contempló el
cadáver que yacía sobre la cubierta. La herida de la
pierna ya no sangraba.
—¿Qué hacemos con ese pobre bastardo? —
preguntó.
—Lo mejor será tirarle por la escotilla —dijo
Yalson.
Miró a las únicas personas que quedaban en el
hangar aparte de ellos, tres machos muy corpulentos
cubiertos por una espesa capa de vello que vestían
pantalones cortos. Los tres se habían quedado junto a
la puerta por la que se habían marchado los demás y
estaban contemplándole con expresiones de
curiosidad. Los tres calzaban botas bastante gruesas,
como si hubieran empezado a ponerse el traje espacial
y les hubieran interrumpido en el mismo momento.
Horza sintió deseos de reír, pero lo que hizo fue
sonreír y saludarles con la mano.
—Hola.
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