Page 100 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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Horza. Pero el único que le miraba a los ojos era
Kraiklyn.
—No tiene por qué ser a muerte —jadeó Horza.
Bajó la vista durante una fracción de segundo hacia los
cabellos plateados que tenía delante, algunos de ellos
pegados al cuero cabelludo del chico por el sudor, y
alzó nuevamente los ojos hacia Kraiklyn—. He ganado.
Puedes desembarcar al chico en vuestra próxima
parada. O dejarme allí. No quiero matarle.
Algo cálido y pegajoso estaba deslizándose sobre la
cubierta junto a su pierna derecha. Horza comprendió
que era la sangre que brotaba de la herida de Zallin.
Kraiklyn estaba contemplándole con una expresión
extrañamente distante. La pistola láser que había
enfundado emergió de su pistolera, y su mano
izquierda la alzó apuntando el cañón hacia el centro de
la frente de Horza. El silencio del hangar le permitió oír
con toda claridad el chasquido y el zumbido a un metro
escaso de su cráneo: el Hombre había accionado el
control de encendido de la pistola.
—Entonces morirás —dijo Kraiklyn con voz átona
y tranquila—. En esta nave no hay sitio para alguien a
quien no le gusta matar de vez en cuando.
Horza fue siguiendo con la vista el cañón de la
pistola láser y siguió levantando la cabeza hasta que su
mirada llegó a los ojos de Kraiklyn. El arma no se movió
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