Page 156 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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la masa oscura del musgo. Aquel pasadizo angosto de

              paredes blandas y suelo parecido a una  esponja  hizo

              que  Horza  se  estremeciera,  aunque  no  hacía  frío.  Se


              aseguró de que su arma estaba lista para disparar. No

              oía nada salvo el sonido de su propia respiración.


                     Llegó a un cruce en forma de T y tomó por el ramal


              de la derecha. Vio unos escalones y subió corriendo por

              ellos. Sus pies intentaron escapar de sus enormes botas

              y estuvo a punto de caer, pero extendió el brazo y logró


              apoyarse en el peldaño. El impacto arrancó un poco de

              musgo, y la débil claridad amarilla arrojada por las luces


              de las paredes le permitió ver algo brillante. Recuperó

              el  equilibrio,  siguió  subiendo  por  los  peldaños

              meneando el brazo para aliviar el dolor del golpe y se


              preguntó qué habría impulsado a los constructores del

              templo  a  usar  algo  parecido  al  cristal  para  esos

              peldaños. Llegó al final del tramo de peldaños, avanzó


              por  un  pasillo  no  muy  largo  y  subió  otro  tramo  de

              peldaños sin iluminar que se curvaba hacia la derecha.

              Teniendo  en  cuenta  su  nombre,  Horza  pensó  que  el


              templo  era  un  lugar  notablemente  tenebroso.  Acabó

              emergiendo en un pequeño balcón.


                     La túnica del monje era tan oscura como el musgo,


              y Horza no le vio hasta que aquel rostro de piel pálida

              se volvió hacia él acompañado por el arma.







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