Page 160 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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encima del hombro. El pasillo sumido en la penumbra
se curvaba hacia la derecha. Horza fue irguiendo el
cuerpo gradualmente a medida que se alejaba del
umbral, y dejó de preocuparse por las granadas. Y justo
entonces la sala se convirtió en un manicomio.
Lo primero que supo fue que estaba proyectando
una sombra ante él y que su silueta bailaba y
parpadeaba sobre la curvatura del pasillo. Después una
cacofonía de ruidos y un tartamudeo de ondas
expansivas le hizo tambalearse y agredió sus oídos.
Bajó rápidamente el visor de su casco y volvió a
agazaparse mientras se giraba hacia la sala y los destellos
luminosos. Aun con el casco cerrado creyó oír gritos
acompañados por disparos y explosiones. Volvió sobre
sus pasos a la carrera y se agazapó allí donde había
estado antes, pegándose al suelo para observar la sala.
En cuanto comprendió lo que estaba ocurriendo
bajó la cabeza lo más deprisa posible y usó sus codos
para retroceder. Quería correr, pero se quedó donde
estaba, sacó el rifle del monje muerto por la esquina del
umbral y disparó en la dirección donde creía estaba el
altar, hasta que el arma se quedó sin proyectiles,
manteniendo su casco lo más lejos posible del umbral
con el visor bajado. Cuando el arma dejó de disparar la
arrojó lo más lejos posible y usó su rifle hasta que se
encasquilló. Después se arrastró un trecho por el suelo
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