Page 157 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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Horza saltó hacia la pared que tenía a la izquierda y,
al mismo tiempo, disparó su rifle desde la cadera. El
arma del monje se alzó de golpe
y dejó escapar un chorro de proyectiles que se
estrellaron contra el techo mientras el monje se
derrumbaba. Los disparos crearon miles de ecos en el
oscuro vacío que había más allá del pequeño balcón.
Horza se acuclilló junto a la pared apuntando el arma
hacia la oscuridad con el monje caído a sólo unos dos
metros de él. Alzó la cabeza, vio lo que quedaba de la
cabeza del monje entre la penumbra y aflojó un poco
la tensión de sus músculos. El monje estaba muerto.
Horza se apartó de la pared y se arrodilló junto a la
balaustrada del balcón. Ahora podía ver una gran sala
iluminada por la tenue claridad de unos cuantos
globos que asomaban de su techo. El balcón se
encontraba en el centro de una de las paredes más
largas y, por lo que podía ver, había una especie de
altar o estrado a un extremo de la sala. La luz era tan
tenue que no podía estar seguro, pero creyó ver
siluetas que se movían por el suelo de la sala. Se
preguntó si serían miembros de la Compañía e intentó
recordar si había visto más puertas o pasillos mientras
iba hacia el balcón; se suponía que debía estar allí
abajo, en el suelo de esa gran sala... Maldijo su
comunicador inservible, y acabó decidiendo que
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