Page 158 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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debería correr el riesgo de comunicarse a gritos con las

              siluetas de la sala.


                     Se inclinó hacia adelante. Los disparos del monje

              habían hecho caer algunos  fragmentos  de  cristal  del


              techo, y la rodillera de su traje los pulverizó. Antes de

              que  pudiera  abrir  la  boca  para  gritar  oyó  ruidos


              procedentes de abajo: una voz estridente que hablaba

              un lenguaje hecho de chasquidos y graznidos. Horza

              se  quedó  muy  quieto  y  no  dijo  nada.  Suponía  que


              podía ser la voz de Dorolow, pero ¿qué razón había

              para que usara un idioma distinto al marain? La voz


              volvió a decir algo. Horza creyó oír otra voz distinta,

              pero un instante después hubo una breve erupción de

              láseres y fuego de proyectiles procedentes del extremo


              de la sala opuesto a aquel en que se encontraba el altar.

              Horza se agachó, y el silencio que siguió al tiroteo le

              permitió oír un crujido a su espalda.


                     Giró en redondo tensando el dedo sobre el gatillo,


              pero no había nadie contra quien disparar. Un objeto

              redondo que tendría el tamaño de un puño infantil se


              balanceó sobre la balaustrada y acabó cayendo encima

              del musgo a un metro de distancia. Horza le dio una

              patada y se lanzó sobre el cadáver del monje.



                     La  granada  estalló  en  el  aire  justo  debajo  del

              balcón.






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