Page 165 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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bajo la capa de musgo. La túnica del monje —que
empezaba a empaparse con el rojo de la sangre—, no
sólo mostraba los agujeros provocados por los
proyectiles de Horza, sino que también estaba repleta
de quemaduras láser. Horza asomó la cabeza por la
esquina y contempló la luz del exterior.
Un cuerpo recubierto por un traje yacía sobre el
suelo musgoso enmarcado en un umbral de paredes
inclinadas con el resplandor de la mañana detrás. El
brazo extendido seguía empuñando la pistola de tal
forma que el cañón de ésta apuntaba hacia Horza y el
pasillo. Detrás del cuerpo había una puerta muy gruesa
que colgaba en ángulo sostenida por una sola bisagra.
«Es Gow», pensó Horza. Sus ojos volvieron a posarse en
la puerta y tuvo la impresión de que había algo extraño
en ella. La puerta y las paredes que llevaban a ella
estaban cubiertas de quemaduras láser.
Fue por el pasillo hasta la silueta caída en el suelo y
le dio la vuelta
para poder ver su cara. Mientras la contemplaba
sintió un leve mareo. Quien había muerto allí no era
Gow sino su amiga, kee—Alsorofus. Su rostro
agrietado y ennegrecido parecía observarle con los ojos
secos al otro lado del visor de su casco, que seguía
intacto y transparente. Horza se volvió hacia la puerta
y el pasillo. Naturalmente... Estaba en otra parte del
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