Page 294 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
P. 294
Silencio desde el otro lado de la puerta. Horza
golpeó el delgado panel de superficie granulada con la
mano haciéndolo vibrar.
—¡Déjame en paz, Horza! —gritó Mipp. Horza
apenas si pudo reconocer el graznido estridente en que
se había convertido su voz—. ¡Olvídalo! ¡Si no lo haces,
te juro que los dos acabaremos muertos!
La lanzadera osciló repentinamente. El morro
apuntó hacia el cielo y el hueco de las puertas señaló
hacia el mar. Los pies de Horza empezaron a deslizarse
sobre el suelo del compartimento. Metió los dedos en la
ranura que había sujetado la parte superior de los
asientos y quedó suspendido de aquel precario asidero
mientras la lanzadera seguía su repentina ascensión.
—¡Está bien, Mipp! —gritó—. ¡De acuerdo!
La lanzadera cayó bruscamente en un rápido
movimiento lateral. Horza se vio arrojado hacia
adelante. El aparato puso punto final a su veloz
descenso y Horza sintió un repentino aumento en su
peso. El mar se movía debajo de ellos a sólo cincuenta
metros de distancia.
—Déjame en paz, Horza —dijo la voz de Mipp.
—Vale, Mipp —dijo Horza—. De acuerdo.
La lanzadera subió un poco, ganando altitud e
incrementando su velocidad. Horza retrocedió,
294

