Page 330 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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mugrienta  túnica  del  Señor  Primero.  El  Cambiante

              supuso que debía de ser el arma que había disparado

              contra  la  lanzadera  el  día anterior cuando él y Mipp


              sobrevolaron la isla.


                     El joven abrió los ojos, vio a las tres personas que

              acababan de vestirse y empezó a gritar.


                     —Escuchad cómo el alma apenada grita pidiendo


              su lección, oíd cómo suplica su botín de pena y dolor,

              su  solaz  de  refrescante  sufrimiento...  —Fwi—Song


              miró a Horza y sonrió—. Nuestro pequeño Veintisiete

              sabe lo que le espera, y aunque su cuerpo que ya ha

              demostrado ser muy débil se quiebra ante la tormenta,


              su  alma  grita:  «¡Sí!  ¡Sí!  ¡Oh,  Poderoso  Oráculo,

              socórreme! ¡Hazme parte de ti! ¡Dame tu fuerza! ¡Ven a

              mí!» ¿Acaso no te parece un sonido dulce y de lo más


              edificante?


                     Horza  contempló  los  ojos  del  oráculo  y  no  dijo

              nada. El joven seguía gritando e intentaba liberarse del


              tronco  que  le  inmovilizaba.  El  Señor  Primero  se

              arrodilló  ante  él  e  inclinó  la  cabeza  murmurando  en

              voz  baja  para  sí  mismo.  Las  dos  mujeres  estaban


              llenando  un  gran  número  de  cuencos  con  el  líquido

              humeante de las ollas y recipientes que había alrededor


              de la hoguera, y empezaron a calentar algunos sobre las

              llamas. Los olores llegaron a Horza haciendo que se le

              revolviera el estómago.



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