Page 345 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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Los idiranos creían en el destino del lugar.
Algunos individuos tenían que estar en ciertos lugares
—las tierras altas, los campos fértiles, las islas de clima
templado y apacible—, tanto si habían nacido allí
como si no; y lo mismo se aplicaba a tribus, clanes y
razas (e incluso a las especies; la mayoría de viejos
textos sagrados habían demostrado ser lo
suficientemente flexibles y vagos para vérselas con el
descubrimiento de que los idiranos no estaban solos en
el universo. Los textos que afirmaban lo contrario no
tardaron en ser abandonados, y sus autores sufrieron
primero la maldición ritual y luego el más absoluto
olvido). Tomado en su expresión más mundana, el
credo podía definirse como la certeza de que había un
sitio para todo y de que todo debía estar en su sitio.
Cuando todo se hallara en su sitio Dios estaría
satisfecho del universo y la paz y la alegría eternas
sustituirían al caos actual.
Los idiranos se veían a sí mismos como agentes de
aquel inmenso reordenamiento. Eran los escogidos, los
primeros a quienes se concedió la paz necesaria para
comprender lo que Dios deseaba, y cuando lo hubieron
comprendido fueron impulsados a la acción en vez de
a la contemplación por esas mismas fuerzas del
desorden que, poco a poco, vieron era su obligación
combatir. Dios tenía un propósito inextricable
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