Page 409 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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extensa donde ya había bastantes personas —la
mayoría eméticos—, que aguardaban en silencio.
La partida parecía llevar cierto retraso. Horza se
sentó en lo que era un asiento excesivamente adornado
o una escultura no muy imaginativa. Estaba en el
comienzo del último nivel de las terrazas que
circundaban la arena, y tenía una buena vista de casi
todas las demás. No había nadie cerca. Metió la mano
bajo la gruesa tela de su blusa y arrancó un pedazo de
piel artificial de su abdomen. Enrolló la piel hasta
formar una pelota y la arrojó a un macetero con un
arbolito situado justo detrás de donde estaba sentado.
Después comprobó los décimos de crédito aoish, la
tarjeta negociable con memoria, la terminal de bolsillo
y la pistola láser ligera que habían estado ocultas bajo
la barriga formada por la piel falsa. Miró por el rabillo
del ojo y vio a un hombrecillo vestido con ropas oscuras
que se le acercaba. El hombrecillo se detuvo a unos
cinco metros de distancia, observó durante unos
momentos a Horza con la cabeza ladeada y siguió
viniendo hacia él.
—Eh, ¿quieres ser una Vida?
—No. Adiós —dijo Horza.
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