Page 47 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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—debido al salvajismo de la lucha por la supervivencia

              de  aquellas  primeras  etapas,  por  no  mencionar  los

              elevados  niveles  de  radiación  idiranos—  había  sido


              una  ventaja  evolutiva  en  vez  de  una  garantía  de

              estancamiento racial.


                     Horza dio las gracias al medjel que iba trayéndole


              platos y se los llevaba casi intactos, pero la criatura no

              le respondió. La opinión general sobre la inteligencia

              de  los  medjels  era  que  rozaba  los  dos  tercios  de  la


              inteligencia de un humanoide promedio (fuera lo que

              fuese tal ser), lo cual les convertía en dos o tres veces más


              estúpidos que un idirano normal. Aun así, eran buenos

              soldados  —aunque  poco  imaginativos—,  y  había

              montones de ellos; algo así como diez o doce por cada


              idirano.  Cuarenta  mil  años  de  evolución  y  crianza

              habían  conseguido  que  la  lealtad  acabara  grabada

              hasta en su mismísimo código cromosómico.


                     Horza estaba cansado, pero no intentó dormir. Le


              dijo al medjel que le llevara hasta Balveda. El medjel se

              lo  pensó  durante  unos  segundos,  pido  permiso


              mediante  el  intercomunicador  del  camarote  y  se

              encogió  visiblemente  al  recibir  la  severa  reprimenda

              verbal administrada por Xoralundra, quien se hallaba


              en el puente de la nave con el capitán del crucero.


                     —Sígame, señor —dijo el medjel abriendo la puerta

              del camarote.



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