Page 48 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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Una vez en los pasillos del crucero la atmósfera
idirana era más perceptible de lo que había sido en el
camarote de Xoralundra. El olor a idirano se había
vuelto mucho más potente, y hasta los ojos de Horza
eran incapaces de ver algo a más de unas cuantas
decenas de metros. El suelo era blando y el aire caliente
y húmedo. Horza caminó rápidamente por el pasillo
viendo menearse el muñón de la cola del medjel que le
precedía.
Durante el trayecto se encontró con dos idiranos,
ninguno de los cuales le prestó la más mínima atención.
Quizá lo sabían todo sobre él y lo que era, y quizá no.
Horza sabía que los idiranos odiaban el exceso de
curiosidad o el revelar cualquier carencia de
información.
Llegaron a una intersección de pasillos y Horza
estuvo a punto de chocar con las camillas
antigravitatorias que transportaban a dos medjels
heridos seguidos por dos soldados de su raza. Horza
vio pasar a los heridos y frunció el ceño. Las espirales
que cubrían sus armaduras de combate eran
inconfundibles. Habían sido producidas por un chorro
de plasma, y la Gerontocracia no poseía armas de
plasma. Horza se encogió de hombros y siguió
caminando.
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