Page 474 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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Horza bajó del vehículo sin dar la espalda ni un
solo momento al hombre alto y la mujer de la cabellera
canosa.
—No hemos intentado resistirnos. Puede
considerarse muy afortunado —dijo el hombre alto con
voz irritada mientras asentía secamente con la cabeza.
Sus ojos emitían destellos iracundos.
—Ya lo sé —dijo Horza—. Adiós.
Le guiñó el ojo a la mujer de la cabellera canosa,
quien se dio la vuelta y movió un dedo hacia él en lo
que Horza sospechó debía de ser un gesto obsceno. El
aerodeslizador ascendió unos centímetros, salió
disparado hacia adelante, dio la vuelta y se alejó
rugiendo por el camino que habían seguido para llegar
hasta allí. Horza volvió los ojos hacia la entrada de la
subplataforma. Las tres personas que habían bajado del
coche rojo estaban ante ella con sus cuerpos silueteados
por las luces del interior. Horza tuvo la impresión de
que una de ellas acababa de volver la cabeza hacia el
muelle. No estaba seguro de si lo había hecho, pero el
Cambiante retrocedió hacia las sombras proyectadas
por la grúa que se alzaba sobre él.
Dos de las personas que esperaban ante el tubo de
acceso desaparecieron en el interior del edificio. La
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