Page 476 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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siguiendo había empezado a subir los peldaños que
llevaban hasta una pasarela situada bastante por
encima del suelo. Horza corrió sin hacer ruido
agachándose para pasar por debajo de los soportes de
las grúas y saltando sobre los gruesos manojos de
cables. Las luces del vehículo caían sobre la negra
superestructura de las grúas; el alarido de los reactores
y las hélices de propulsión creaba ecos entre las
paredes de cemento.
Un vehículo mucho más pequeño —oscuro y
silencioso, salvo por el chirriar que su desplazamiento
creaba al hendir la atmósfera— pasó sobre la cabeza de
Horza como si quisiera resaltar la comparativa
tosquedad de la escena que tenía ante sus ojos. El
vehículo desapareció en el cielo nocturno
convirtiéndose en una manchita de existencia muy
fugaz sobre la superficie del lado diurno del Orbital.
Horza la observó durante la fracción de segundo que
necesitó para desaparecer, y volvió a concentrar su
atención en la silueta iluminada por los focos del
inmenso vehículo que seguía desplazándose
lentamente a lo largo del muelle. El segundo
aerodeslizador ya estaba enfilando el muelle para
seguirle.
Horza llegó a los peldaños que llevaban hasta la
pasarela del angosto puente colgante. El hombre que
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