Page 471 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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Tenía una voz áspera y un poco estridente. Sarble

              se  encogió  de  hombros.  Horza  sonrió  y  se  dedicó  a

              contemplar  el  tráfico  que  se  movía  alrededor  del


              vehículo en el que viajaban, pero siguió vigilando a sus

              dos acompañantes por el rabillo del ojo.


                     —Mala suerte —dijo Sarble—. Cuando estaba en el


              auditorio no paraba de tropezarme con este tipo.


                     —Entonces,  ¿usted  es  realmente  Sarble?  —

              preguntó Horza.


                     La mujer no contestó y siguió con la cabeza vuelta


              hacia el hombre alto.


                     —Oiga  —dijo  el  hombre  alto  volviéndose  hacia

              Horza—, le llevaremos al puerto, si es que ese coche

              rojo va allí, pero no intente nada raro, ¿de acuerdo? Si


              no  queda  más  remedio  nos  resistiremos.  No  me  da

              miedo morir.


                     El  hombre  alto  parecía  asustado  e  irritado  al


              mismo tiempo; su rostro blanco amarillento recordaba

              al de un niño que está a punto de echarse a llorar.


                     —Me ha convencido —dijo Horza sonriendo—. Y


              ahora, ¿por qué no intenta localizar a ese coche rojo?

              Tres  ruedas,  cuatro  puertas  y  tres  personas  en  el

              compartimento  trasero.  En  cuanto  le  eche  el  ojo


              encima lo reconocerá.







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