Page 477 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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caminaba como Kraiklyn y se cubría con una capa gris
ya había recorrido la mitad del trayecto. Horza apenas
si podía ver lo que había al otro lado del muelle, pero
supuso que si dejaba que su presa recorriera el resto del
puente antes de que empezara a seguirla había
bastantes probabilidades de que la perdiese de vista.
Lo más probable era que aquel hombre —Kraiklyn, si
es que era él—, lo hubiese comprendido; Horza supuso
que debía haberse dado cuenta de que estaba siendo
seguido. Puso un pie en el puente. La superficie
metálica osciló ligeramente bajo su cuerpo. El ruido y
las luces del gigantesco aerodeslizador estaban casi
directamente debajo de él. Los olores de agua
estancada del muelle saturaban la atmósfera. El
hombre no se volvió hacia Horza, aunque debía de
haber sentido cómo sus pisadas se unían a las suyas
para hacer vibrar el puente.
La silueta llegó al otro extremo del puente. Horza
la perdió de vista y echó a correr con el arma delante
de él. El movimiento del vehículo que tenía debajo
estaba creando ráfagas de aire y espuma que le dejaron
empapado. La música de sus cubiertas estaba tan alta
que ni el aullido de los motores lograba ahogarla.
Horza llegó al final del puente y bajó corriendo la
espiral de peldaños que llevaba al muelle.
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