Page 507 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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naturalmente, podría ganar la partida... —La vocecita

              que brotaba de la rejilla. se rió: un eco metálico—. Sería

              increíblemente rico y... —La risa volvió a sonar, ahora


              aún  más  distorsionada  que  antes—.  Entonces  toda

              esta  mierda  dejaría  de  importarme,  claro...,  mierda,

              sólo...,  ja...,  podría  regalar  la  Turbulencia  en  cielo


              despejado  al  primero  que  encontrara...,  bueno,  la

              vendería... y me retiraría... Ya veremos...


                     La  voz  se  desvaneció.  Horza  desconectó  la


              grabadora. La dejó donde la había encontrado y frotó el

              anillo  que  llevaba  en  el  dedo  meñique  de  la  mano


              izquierda. Después se quitó la bata y se puso su traje,

              el  que  Kraiklyn  le  había  robado.  El  traje  empezó  a

              hablarle y Horza le ordenó que desconectara el sistema


              vocal.


                     Se contempló en el campo inversor de las puertas

              del armario, ir—guió los hombros, se aseguró de que

              la pistola de plasma que colgaba de su muslo estaba


              activada,  guardó  los  dolores  y  el  cansancio  en  las

              profundidades de su mente, salió del camarote y fue


              por el pasillo hacia el comedor.


                     Yalson y la mujer que era Balveda estaban sentadas

              al extremo de la mesa debajo de la pantalla. La habían


              apagado y estaban hablando. Cuando Horza entró en

              el  comedor  las  dos  alzaron  la  cabeza  y  le  miraron

              fijamente. Horza fue hacia ellas y se sentó a dos sitios



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