Page 526 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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Balveda ya casi estaba al final de la escalera. Horza

              vio que llevaba una mochila bastante grande al hombro.


                     —¡Estoy perdiendo la paciencia y voy a ponerme

              furioso!



                     La puerta volvió a vibrar.


                     Un zumbido muy estridente surgió de la mochila de

              Balveda seguido por un chisporroteo de estática. Yalson


              no oyó el zumbido..., que era una alarma. Una parte del

              cerebro de Horza captó la lejana presencia de Dolorow

              removiéndose en el comedor a su espalda. El chorro de


              estática —que era un mensaje o señal de alguna clase

              altamente comprimido—, hizo que Yalson empezara a

              volverse  hacia  Balveda.  Horza  saltó  hacia  adelante


              soltando  la  manija  de  la  puerta  del  camarote,  alzó  la

              pesada pistola aturdidora y apuntó con ella a Balveda.

              La  mujer  de  la  Cultura  ya  estaba  dejando  caer  la


              mochila al suelo, y una de sus manos se movió con una

              velocidad tan tremenda que ni tan siquiera Horza pudo


              seguir el movimiento. Los dedos de Balveda rozaron su

              flanco. Horza hendió el aire pasando por el hueco que

              había entre Yalson y el mamparo del pasillo y su cuerpo


              chocó con la mercenaria arrojándola a un lado. Apuntó

              con la pistola aturdidora al rostro de Balveda y apretó el


              gatillo.  El  arma  zumbó  en  su  mano  mientras  seguía

              volando por los aires y empezaba a caer. Horza intentó






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