Page 986 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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de otro túnel..., el túnel que llevaba a los tubos de
tránsito.
Podía oír la ruidosa respiración del idirano. Sus
oídos captaban el chisporroteo de las llamas, el silbido
de la espuma y el jadeo cada vez más entrecortado que
escapaba por entre los labios de Xoxarle. El idirano
sostenía su cuerpo sin ninguna dificultad aparente,
como si no pesara nada. La frustración que sentía era
tan intensa que se echó a llorar y retorció el cuerpo con
todas sus fuerzas en un intento de romper su presa o,
por lo menos, de liberarse un brazo.
Llegaron al viaducto metálico y el idirano volvió a
resbalar, pero logró agarrarse a tiempo y recobró el
equilibrio. Empezó a avanzar por aquella angosta
pasarela. Su paso cojeante y sus continuas vacilaciones
hacían que vibrase, y toda la estructura no tardó en
resonar como un tambor metálico. Balveda siguió
debatiéndose con tanta rabia que sintió un agudo dolor
en la espalda, pero la presa de Xoxarle continuó siendo
tan firme como antes.
El idirano se detuvo de golpe y la colocó ante su
inmenso rostro en forma de silla de montar. La sostuvo
en vilo por los dos hombros durante un momento y
después la cogió por el codo derecho con una mano
mientras la agarraba por el hombro derecho con la otra.
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