Page 294 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei Gabri e l Berm údez Casti llo
imposible; Aneberg se retorció, lanzó espumarajos por
el hocico, desorbitó los espantosos ojos negros,
corcoveó y salió corriendo. De la misma manera
resultó inútil una tentativa de engancharlo al arado
junto con «Dogan», el percheron de Edy.
El trabajo no era excesivo, pues bastaba con algunas
horas, no muchas, dedicadas a los diversos cultivos,
para tenerlo todo al día. Sergio tenía tiempo, por las
tardes, de dar alguna clase de lectura y matemáticas al
pequeño Hermán, que poco a poco, había perdido su
timidez y se atrevía a preguntarle cosas propias de su
edad: «¿Me dejas la escopeta? ¿Cómo dispara? ¿Dónde
tienes las balas? ¿Puedo ir contigo?»
Edy hablaba poco. Era una mujer sumamente
tranquila, que atendía con mucho cariño a su hijo y a
la casa. Sólo en alguna ocasión fueron los dos a charlar
con el viejo Mansour, más que nada, por iniciativa del
niño, a quien le gustaba atrozmente el trastear con los
utensilios y frascos del laboratorio. «Cuando sea
mayor, yo seré químico». En más de una ocasión,
Sergio se sorprendió a sí mismo mirando el bonito
perfil de Edy, mientras esta, silenciosa, escuchaba las
historias de Mansour. Fue él mismo quien convenció a
Edy para que Hermán comenzase a aprender lo más
elemental en química, y no supo decirse si
verdaderamente era por incitar el interés del niño, o
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