Page 359 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei Gabri e l Berm údez Casti llo
Zulfikar era un negro alto, musculoso, con la misma
suavidad de movimientos de un felino. Llevaba el
cráneo cubierto por una corta melena oscura, tiesa
como si fuera de alambre. Armado con un rifle de dos
cañones, y un largo sable curvado, parecía, y
seguramente lo era, un enemigo temible. Grandes
ajorcas de oro le ceñían los robustos brazos, que
siempre llevaba desnudos, y una faja de seda escarlata
le permitía portar fácilmente el sable y un ancho
machete de mango de latón.
Era serio. No bromeaba apenas, no bebía licores, y
comía muy parcamente, sin gula. Pero de él se
desprendía una impresión de fuerza retenida, como un
muelle de acero presto a saltar.
—La fuente de Ammán —dijo Zulfikar, cortésmente,
en respuesta a las preguntas de Sergio— está en mitad
del desierto... es la única posibilidad de abastecimiento
antes de llegar a la selva.
Un día y otro bajo el sol abrasador, caminando casi
siempre de noche, durmiendo de día bajo la lona de los
carros o en agujeros hechos en la arena de cualquier
manera. Las provisiones de agua disminuían, aunque
casi nada más entrar en Africa había comenzado el
racionamiento. Cuatro litros diarios por persona.
—A doscientos kilómetros al sur del pozo de Ammán
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