Page 444 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
P. 444

Viaje a un plan eta Wu -Wei                               Gabri e l Berm údez Casti llo


               Una sensación de frío en el rostro, y un momento de

            lucidez. El rostro de Marta, con la herida en la mejilla

            cubierta  de  grumos  rojinegros  de  sangre  coagulada


            estaba ante el suyo, mirándole intensamente. Con un

            trozo  de  tela  le  mojaba  la  cara,  el  cuello...  Pero  el


            horrendo palpitar de las sienes no se detenía...


               Estaba solo, tendido al borde del arroyo. Los árboles

            de  anchas  hojas  rezumantes  se  extendían  por  todas

            partes, formando un palio que le protegía del sol... el


            sol... arriba, brillante... como la boca de un horno. Algo

            suave y deslizante pasaba por el centro del arroyo... —

            Eres una cellisa —articuló, con dificultad. —Eso te dije


            antes... ¿Ya lo has olvidado? —dijo la agradable voz de

            tenor.


               Tenía dos grandes ojos pardos, cubiertos por largas y


            sedosas  pestañas.  El  pelaje  era  gris,  excepto  en  la

            cabeza, de color amarillento, partido sobre el cráneo

            por una raya negra que iba ensanchándose, y tomando


            forma triangular. Una sedosa zarpa húmeda se posó

            sobre su frente.


               —¿Dónde... está... Marta? —Estás solo conmigo. Pero


            estás mal... Hubo un chapoteo, y un chorro de agua

            tibia  salpicó  a  Sergio.  El  mundo  de  los  árboles  le

            rodeaba,  y  bajo  él  había  tierra,  y  más  abajo,  cosas


            desconocidas...  la  tierra  y  los  árboles  se  curvaban

            lentamente,  formando  una  ligera  comba  que

                                                           444
   439   440   441   442   443   444   445   446   447   448   449