Page 475 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei                               Gabri e l Berm údez Casti llo


            comenzó a caer en anchas costras.


               Incluso Marta, ante el anuncio de la proximidad del

            desfiladero  y  del  río  Rojo  parecía  haber  recobrado


            alguna fuerza. Los colores habían vuelto un poco a sus

            pálidas mejillas, y se apoyaba con más energía en los

            magullados hombros de Sergio y del Capitán Grotton.


            Durante  un  rato,  el  enteco  abuelo  Jones  sustituyó  al

            Capitán; en cuanto a Zacarías Gómez, cada vez que le

            miraban, comenzaba a sacudirse el barro rojo de los


            pantalones y a dirigir la vista, soñadoramente, hacia el

            murallón de roca.


               —El tambor se ha callado —dijo, de pronto, el abuelo

            Jones.



               Era cierto. El siniestro gong había dejado de oírse, y

            el silencio que flotaba ahora sobre la desolada planicie

            parecía, por contraste, más ominoso todavía. Estaban


            ya solamente a un par de kilómetros del desfiladero,

            junto  a  las  turbulentas  aguas  del  río  Rojo,  que  allí


            comenzaban  a  encresparse  y  a  saltar  espumeantes

            entre disformes amontonamientos de peñas. El color

            rojizo de las aguas relumbraba como sangre bajo la luz


            del sol poniente...


               —Mirad allí... —dijo el abuelo Jones, susurrando—,

            Ahí está la salida de la otra rama del desfiladero... la

            que cogimos al principio...




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