Page 478 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei                               Gabri e l Berm údez Casti llo


            sobre  el  suelo,  revolcándose  en  su  propia  sangre.  El

            caballo, con los ojos llameantes, extendiendo ante sí el

            largo cuello, emprendió un veloz galope hacia el lugar


            donde los expedicionarios se habían detenido...


               Un  sonido  sordo  retumbó  en  el  cañón,  como  si

            rebotase sobre las tempetuosas aguas del río Rojo.


               —¡Es  un  disparo!  —aulló  el  Capitán  Grotton,


            poniéndose en pie—. ¡El Zurdo Ribas! ¡Nos han oído!


               Aneberg corría, lanzando espumarajos blancos por la

            boca, corcoveando y saltando él solo, aún cuando no

            llevase  ningún  jinete  encima.  De  vez  en  cuando  se


            detenía, caracoleaba, permanecía un momento inmóvil

            volviendo  su  largo  cuello  para  mirar  a  los  aullantes


            mandriles, que corrían sobre sus arqueadas piernas en

            dirección  a  ellos...  Después,  juntaba  las  cuatro  patas

            como  una  pina,  salía  disparado  hacia  las  alturas,


            encorvando el lomo y casi metiendo la cabeza entre los

            remos delanteros, y caía de nuevo al suelo, iniciando


            sin transición el mismo violento y loco galope.


               —Sergio...  puedes  tirar  cuando  quieras  —dijo  el

            Capitán  Grotton,  fríamente—.  Los  demás,  hacedlo

            cuando  lo  haga  yo...  Marta...  ¿puedes  ir  cargando


            armas?


               No  hubo  respuesta.  Marta,  con  los  ojos  cerrados,

            apoyada  en  uno  de  los  carcomidos  troncos,  parecía



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