Page 472 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei                               Gabri e l Berm údez Casti llo


            tarde,  cuando  llevaban  un  par  de  horas  caminando,

            escuchando  siempre,  estremecidos,  el  broncíneo

            retumbar  del  tambor  lejano,  el  fondo  de  la  garganta


            comenzó  a  subir.  Había  alguna  peña  suelta,  que  era

            preciso  evitar,  y  el  suelo  comenzaba  a  cambiar  su


            estructura de arcilla casi lisa por un conglomerado de

            cascotes  redondeados,  donde  era  difícil  encontrar

            apoyo, sobre todo para Marta. Hacía rato que la mujer


            caminaba  mecánicamente,  con  los  ojos  cerrados,

            exhalando de vez en cuando una especie de ronquido...

            pero sin quejarse, sin decir una palabra...


               —Levanta la pierna. Marta, por favor —dijo Sergio—


            . Un esfuerzo más. No intentes apoyar el pie herido,

            mujer.  Apóyate  en  nosotros,  y  apoya  sólo  la  pierna

            buena... Anda; así, así... Piensa en cuando lleguemos al


            río Rojo; estarán esperándonos el Zurdo Ribas y sus

            hombres, con comida, medicinas y un buen trago de


            ginebra... Podremos lavarnos y ponernos ropa limpia...

            te pondrás bien en seguida, ya verás...


               Marta  abrió  los  ojos  un  instante  para  dirigirle  una


            mirada que, sin decir nada, expresaba muchas cosas.

            «Lo  entiendo  —decía—;  hablas  para  que  continúe,

            para que no pierda el ánimo... De acuerdo; pero sigue,


            no te calles...».


               Zacarías y el abuelo se volvían, de cuando en cuando,

            para contemplar curiosamente a Sergio, que no cesaba

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