Page 476 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei                               Gabri e l Berm údez Casti llo


               Y de pronto, mientras miraban, varias cabezas negras

            comenzaron a asomar, pausadamente, como muñecos

            lejanos  sobre  el  borde  del  cañón.  Una  de  ellas


            sobrepasaba a las demás... se oyó claramente, en el aire

            tranquilo del atardecer, un poderoso relincho.


               —Es Aneberg... —dijo Sergio—. Esos brutos lo han


            traído consigo...


               —¡Los  ha  traído  hasta  aquí!  —gruñó  Zacarías

            mirando  amenazadoramente  a  Sergio—.  Tu  maldito

            caballo los ha guiado hasta nosotros...


               —No  me  extraña  —contestó  el  Capitán  Grotton—.


            Ese caballo me parece bastante más listo que tú... lo que

            no es decir mucho. A ver si calláis... no nos han visto


            aún...  No  queda  más  remedio  que  seguir...  y  en

            silencio;  ocultaos  como  podáis  tras  los  troncos  y  las

            matas...



               Todos  ellos  sabían  que  era  inútil;  que  su  única

            esperanza se hallaba en que el Zurdo Ribas y su gente

            estuvieran esperándoles en el desfiladero. No habían


            caminado  ni  un  kilómetro,  medio  inclinados,  casi

            intentando incrustarse en el terreno, lo que aumentaba

            los  sufrimientos  de  Marta  hasta  un  límite


            inconmesurable en virtud de la retorcida postura que

            todos se veían obligados a adoptar, cuando un griterío

            salvaje surgió de las hordas de mandriles que cubrían




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