Page 497 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
P. 497
Viaje a un plan eta Wu -Wei Gabri e l Berm údez Casti llo
Y a medida que se acercaban al castillo de Herder, la
sensación de las presencias malignas era más fuerte.
Parecía como si se hubiesen enterado, de alguna
manera, del OBJETO que Sergio transportaba en su
alforja, y se arracimasen con ansia infernal en el lugar
de destino...
Por fin, un anochecer, la luna brilló malsanamente
sobre el pútrido bosque que rodeaba el castillo de
Herder. Aneberg, sofocado, sudoroso, comenzó a
caminar al paso a través de la retorcida vegetación,
iluminada tétricamente por el relucir insano de
Gabkar. Sombras sin forma se deslizaban entre los
pulposos árboles y las masas de maquinaria oxidada.
Ahora no eran una sola, sino varias, las gigantescas
figuras rojizas, con ojos como acero al rojo blanco, que
atravesaban la floresta, vigilándole y dándole una
demoníaca escolta. Los animalillos peludos corrían
entre las patas de Aneberg, lanzando un grito viscoso,
(Glourk, Glourk...) que no espantaba al caballo,
aunque sí al jinete.
Los rayos plateados de la Piedra de Luna, que casi
habían desaparecido durante la travesía del río Rojo y
durante la estancia en Hangoe, habían vuelto a
recobrar una luminosidad tan intensa o más que la que
tuvieran en el templo... de las aberturas de la alforja
surgían haces de nacarada luz, extendiéndose sobre el
497

