Page 499 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei                               Gabri e l Berm údez Casti llo


            a  través  del  legamoso  patio,  observando  con  cierto

            espanto  el  brillo  nocivo  de  las  murallas.  También

            Herder  parecía  haber  cambiado;  cuando  se  detuvo


            ante la puerta cubierta de deformes tallas, Sergio pudo

            ver que vestía un ropón escarlata bordado de oro con


            encajes en las mangas, y que su postura era mucho más

            orgullosa que la última vez.


               —Ehie,  ehie  —dijo  Herder—.  Yo  soy.  Recibe  a  mí

            acompañante, y admite su paso... viene conmigo...


               La puerta giró silenciosamente sobre sus goznes, y al


            hacerlo,  el  aire  se  pobló  de  vibraciones  y  de  una

            extraña sensación de tensión creciente, como si toda la

            atmósfera alrededor del castillo estuviera saturada de


            presencias llenas de un voraz deseo.


               También  la  gran  sala  interior  había  cambiado.  Las

            húmedas paredes estaban cubiertas de colgaduras, que


            se movían levemente, como si tras ellas circulase una

            multitud invisible. Sobre los ricos paños había trazadas


            figuras  apenas  visibles,  que  parecían  caminar  o

            adelantarse, bajo el influjo de los leves movimientos.

            Parecían  sombras  dibujadas  confusamente  sobre  los


            tapices de tonos oscuros, inclinadas sobre algo, o bien

            alzando algo hacia arriba, o interpretando una acción

            con  instrumentos  que  no  era  fácil  distinguir.  Cuatro


            pebeteros de bronce, en los ángulos de la sala, dejaban

            escapar  un  perfume  obsesionante,  en  estrechas  y

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