Page 553 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei                               Gabri e l Berm údez Casti llo


               —Vamos  a  dejarlo  en  paz  —contestó  Sergio.  Y  le

            pareció,  durante  unos  segundos,  que  en  sus  manos

            había estado la vida entera del jabalí.






               Relucía como un farol antiguo en el fondo del hoyo

            que  el  hombre  calvo  había  excavado.  El  Vikingo  y

            Sergio, inclinados sobre el hoyo, miraban con atención


            la curiosa raíz. El hombre calvo, provisto de una azada

            y  un  cuchillo,  había  realizado  después  de  pensarlo

            mucho, una pequeña excavación, poniendo así a la luz


            del  día  una  gruesa  raíz  retorcida  de  color  miel,  con

            abultamientos y cinturas intercaladas, como fuera un

            gran  gusano.  Después,  mirando  tristemente  con  sus


            ojos  glaucos  al  Vikingo  y  a  Sergio,  había  procedido,

            con el cuchillo, a cortar la raíz en dos trozos. —Habrá


            que  esperar  a  la  noche  —dijo,  sentenciosamente.

            Cuando  el  sol  se  hubo  ocultado,  la  raíz  comenzó  a

            brillar  levemente,  y  a  medida  que  la  oscuridad


            aumentaba, el brillo dorado fue aumentando también,

            hasta el punto de que Sergio pudo casi leer a su luz un


            ajado ejemplar del «Clarinazo» que conservaba en su

            poder. El corte de la raíz emitía, cada vez más intensa,

            esa luz dorada, motivando una peculiar sensación de


            belleza en los que la contemplaban.


               —Eso no es todo, Profes —dijo el hombre calvo. Y

            tomando  una  varita  que  llevaba  en  la  alforja,  tocó

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