Page 564 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei Gabri e l Berm údez Casti llo
sabían que lo eran, se aprovechaban indignamente, de
los demás... eran molestos, insociables, aprovechados...
Además, al tener tal peso, lo destrozaban todo;
hundían los suelos de las viviendas, quebraban el
adoquinado de las calles, destrozaban los vehículos,
puentes y viaductos... Comían más que los seres
humanos normales, se quejaban, pedían servicios
extras, gemían... caminaban por las noches en
pandillas, lanzando gritos en todas las esquinas...
»Un día, alguien, harto, reunió fondos, y resucitó
todo los muertos del Ministro, desde sus padres hasta
la más remota antigüedad... En ese momento, la
multitud de resucitados era tal, que todos los seres
humanos reales estaban en franca minoría. Y la cosa
acabó cuando se vieron forzados a huir y a abandonar
todo lo que tenían en manos de los muertos vivientes.
Fueron a vivir a un páramo lejano, y allí, sumidos en la
miseria, contemplaron cómo los muertos resucitados
continuaban manejando la máquina sin cesar.
Hubo un silencio en el coro que le escuchaba cuando
el Vikingo concluyó la historia. Estaban todos un tanto
extrañados y no habían comprendido, seguramente,
casi nada. Sin embargo, el padre Ross, sonriendo sobre
su poblada barba, se ciñó más el cíngulo de cáñamo, y
lanzó una soñadora mirada hacia la cruz de la capilla,
que se recortaba en negro sobre el azul gris del
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