Page 582 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei                               Gabri e l Berm údez Casti llo


                                    «Aérea, victoriosa e infinita,

                              tus hijos lucharán por tus laureles

                                y si un día tu gloria se marchita


                             te la traerá la sangre de tus fieles...»


               A pesar de que seguía con toda atención el desarrollo

            de los acontecimientos, el Vikingo no pudo evitar el


            darse  cuenta  de  que,  al  oír  la  canción,  dos  lágrimas

            habían  brotado  de  los  ojos  de  Sergio.  Sin  comentar

            nada,  volvió  su  vista  de  nuevo  hacia  la  Ciudad,  el


            palacio y la pirámide. El hormigueo era cada vez más

            intenso, e incluso parecía que en la complicada trama

            que había quedado en la cima de la pirámide se habían


            abierto  ventanas,  surgido  pasarelas  y  mesetas,  y

            numerosos grupos se amontonaban en los saledizos y

            balaustradas, tratando de ver lo que sucedía abajo, en


            el Palacio.


               La  música  volvió  a  aumentar  de  intensidad,

            acompañada ahora por un clamoreo confuso, aunque


            potente. Se percibían con claridad los remolinos de la

            diminuta multitud, a medida que dos grandes puertas


            (aún cuando a esta distancia, tenían el tamaño de una

            hormiga),  se  abrían  en  una  de  las  alas  laterales  del

            palacio...  Hubo  un  confuso  rebullir  entre  los  grupos


            situados  en  la  parte  superior  de  la  Ciudad,

            evidentemente menos privilegiados que los que habían

            logrado un sitio en la meseta, y algo se deslizó a través


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