Page 11 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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sus pómulos altos y redondeados se formaron dos
hoyuelos de aspecto inocente. Eran más peligrosos que
los colmillos de un áspid.
Según atestiguaban muchos observadores, Roxana
era la segunda mujer más bella de Asia después de la
difunta Estatira la Mayor, hermana y esposa del gran
rey Darío. Pérdicas no podía jactarse de haber visto a
todas las mujeres de Asia en sus doce años de campaña,
pero dudaba que hubiera muchas como Roxana. De ser
una hetaira griega amante de desnudarse en público,
podría haber servido como modelo para una Afrodita
pintada por el gran Apeles. Pero aunque tenía un
cuerpo como para quemar otra vez Troya y Persépolis
juntas, su arma principal eran los ojos. Ahora, a la luz
de la lámpara, a Pérdicas se le antojó que brillaban
como el lago Orestis bajo el creciente de una noche de
invierno en las tierras altas de su Macedonia natal.
Cuando esos ojos oscuros y rasgados te miraban,
parecía que no existía nada más en el mundo: tenían la
virtud de capturar a los hombres de uno en uno,
aunque fuera en el centro de una reunión, como si una
magia animal creara un túnel que unía sus pupilas con
las de su desventurada presa y arrojara un lazo
pegajoso a través de él.
Así debía de haber caído el mismísimo Alejandro en
sus redes tras tomar la inexpugnable Roca Sogdiana.
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