Page 16 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 16

entrada del ejército macedonio. En la primera venían

            de derrotar al ejército de Darío en Gaugamela, la mayor


            batalla de la historia. Entonces los Compañeros del Rey

            eran de verdad sus amigos y no sus súbditos, y todos

            compartían sus sueños de gloria y aventura, el ardiente


            póthos de Alejandro, su anhelo de llegar al Océano que

            circunda el mundo y clavar la bandera con la estrella


            de los Argéadas donde ningún hombre hubiera llegado

            antes.


                  Los conquistadores que habían vuelto a entrar en

            Babilonia casi ocho años después eran otros hombres.


            Infinitamente  más  viejos.  Habían  sobrevivido  a

            muchas cosas. La salvaje guerra de exterminio en las

            tierras  de  Bactria  y  de  los  escitas,  en  la  que  habían


            tenido  que  elegir  entre  masacrar  sin  piedad  o  ser

            masacrados. El cruce de las montañas del Paropamiso,


            donde casi tocaban la bóveda del cielo y su aliento se

            congelaba antes de salir de los pulmones. La campaña

            de la India, donde los enemigos más terribles no fueron


            los  elefantes  del  rey  Poros,  sino  las  cobras,  las

            tarántulas, los mosquitos gigantes y la humedad que


            les pudría los pies. El regreso al oeste por la inhóspita

            Gedrosia,  el  mayor  error  de  Alejandro,  que  siempre

            había sido tan previsor con el abastecimiento de sus


            tropas y que esta vez los había conducido a través de

            un desierto de arena y sal que acabó sepultando a más




                                                              16
   11   12   13   14   15   16   17   18   19   20   21