Page 280 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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menos  un  beso.  Pero  Lisanias  podía  estar  tranquilo,

            porque a Demetrio, por muy apuesto que le pareciera


            el rey, no le atraían los hombres.


                  —Ese hombre es Dicearco, mi jefe de topografía —

            prosiguió Alejandro—. Un gran matemático. También


            escribe  sobre  filosofia  y  es  un  estudioso  de  los

            regímenes  políticos,  aunque  en  ese  aspecto  ha

            resultado algo proespartano para mi gusto.


                  —¿Qué  miras  tanto?  —le  preguntó  Dicearco  a


            Euctemón.


                  —También  es  un  poco  cascarrabias  —susurró

            Alejandro—. Me pregunto qué dejará para cuando sea


            viejo.


                  —Tu  mapa  —respondió  Euctemón,  estirando  la

            mano para tocarlo. Dicearco le golpeó en el dorso con


            una regla de madera.


                  —¡Más despacio, que vas a emborronar la tinta! A

            ver —añadió, señalando con la punta del compás dos

            ciudades—. Estamos aquí en Posidonia, y esta ciudad


            del sur es Regio. ¿Me sigues?


                  Euctemón asintió sin levantar la vista del mapa.


                  —¡Pues entonces mírame a la cara, maldita sea!


                  Euctemón lo hizo, pero no aguantó mucho rato, y


            sus ojos se dedicaron a saltar del mapa a Dicearco y

            viceversa.


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