Page 386 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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Neo  se  había  quedado  un  poco  apabullado,  pero

            insistió.


                  —Entonces,  ¿por  qué  a  veces  hablamos  de  los


            griegos como si nosotros no lo fuéramos?


                  —Porque, aunque seamos griegos, también somos

            especiales.


                  —¿Eso quiere decir mejores?


                  —¡Por supuesto! —contestó su madre con pasión—


            . Con los demás griegos compartimos la inteligencia, el

            refinamiento y el amor por la belleza. Pero a cambio no


            hemos perdido las virtudes de nuestros antepasados.

            Somos los únicos que seguimos respetando el valor, el

            honor  y  la  verdad,  y  también  los  únicos  que  aún


            obedecemos a nuestros reyes y no nos dejamos guiar

            como ovejas por los demagogos de las asambleas.


                  Ahora, mientras los tres niños jugaban en el jardín


            de  la  casa  que  les  había  prestado  la  viuda  vieja  de

            Posidonia,  Cadmia,  que  se  sabía  de  memoria  las

            relaciones y vericuetos de la familia de los Argéadas, le


            dijo a Ego:


                  —No  es  verdad.  No  te  van  a  elegir  rey  a  ti.  Tú

            tendrás sangre de la familia real de Macedonia, pero de


            la de Persia no. Tu madre sólo es hija de un gobernador.

            El único que tiene a la vez sangre real de Macedonia y

            de Persia es Ciro Amintas —añadió refiriéndose al hijo




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